Abrevando

Abrevando

José Antonio Lavín Reyna

“No soy un hombre duro, sólo digo la verdad. Si tú no  sabes lidiar con la verdad, muy malo para ti”:  Kevin O’Leary

 

La pronta decepción.

La gente o el ciudadano común dejaron de tener confianza en los partidos, sean del signo que sean, pero también en los políticos que han gobernado en los últimos 30 años, a los que se les adjudica gran parte de la corrupción, el deterioro de la calidad de vida, la carestía, la inseguridad y la falta de desarrollo del país en general. La campaña de AMLO fue contra todo ese estado de cosas, a las que les puso distintos nombres, desde la “mafia del poder” hasta los gobiernos del Prian, etcétera. Es decir, AMLO exacerbó el rechazo ya anidado entre la gente hacia los partidos y la partidocracia.

La pregunta que surge de todo esto es: ¿y ahora qué va a pasar cuando Morena se vaya estructurando como un partido político y dejando de ser un movimiento? ¿Qué va a pasar con sus electores y simpatizantes? Es muy posible que Morena, al convertirse en un partido más formal, corra la misma suerte que los otros, sobre todo si no introduce cambios sustanciales en su vida interna.

El escenario puede ser muy simple, pero es real: si el gobierno de AMLO da resultados, si se cumplen una buena parte de sus propuestas. y si todo eso se traduce en un cambio en las condiciones de vida de la población, Morena como partido político va a seguir obteniendo una gran votación y simpatía de sus electores. Pero también puede darse el caso contrario.

Este proceso llevará mucho tiempo. Quizás más de 6 años; es decir, todo el sexenio de López Obrador por lo menos, lo que hace más difícil todavía la reestructuración o el fortalecimiento de otros partidos políticos en un contexto donde se ha desplomado la identificación con estas organizaciones y los electores buscan otro tipo de líderes para gobernar.

En otras palabras, los partidos se han desplomado, los electores se han alejado de ellos y ya no confían en ese tipo de organización, una tendencia que puede incluso acentuarse, pero son –hasta ahora– las únicas instancias aceptadas formalmente para participar en las elecciones y acceder al poder. ¿No es esto una contradicción? ¿No dañará este proceso a la democracia como sistema de gobierno?

Una cosa es cierta de todo esto: no va a ser fácil que los partidos hoy derrotados, o aquellos que quieran seguir sobreviviendo, puedan lograrlo. No es un problema de enmendar errores o cambiar las dirigencias lo que está en juego, sino un problema que alude a la forma del partido y a esa tendencia casi inexorable de los mismos para alejarse de los intereses de la ciudadanía.

¿Estaremos asistiendo a ese proceso o las cosas van a seguir igual, pero con otros nombres y otros actores políticos?

En Iguala al menos, las cosas van a seguir igual o peor. Tenemos a un alcalde gandalla. En México calificamos como un gandalla a aquella “persona que abusa o tiene tendencia a abusar de su fuerza física o su autoridad para sacar ventaja de otros” (Diccionario de Americanismos, Asociación de Academias de la Lengua Española, 2013). Por extensión, agandallar es “Cometer un abuso contra algo o alguien, sacando ventaja sin miramientos”; y agandalle es el “Proceso y resultado de agandallar”.

Lo que hemos visto recientemente en el caso del cabildo de Iguala y se replicó, inclusive en el del puerto de Acapulco, en los cuales supuestamente están dominados por la gente de Morena y sus socios, los que en una actuación típica de los gandallas, no se bajaron el sueldo a la mitad como lo habían prometido en campaña, muchos menos se desligaron de los asistentes, que nada hacen y como integran la mayoría, en el caso de Acapulco aprobaron que dos regidoras sigan cobrando sus salarios en Salud,  en perjuicio de los ciudadanos de sus municipios que son lopezobradoristas. En Iguala, el presidente se agandalló los puestos de confianza, colocando a personajes maleados. Poco le importó abusar del poder que los votantes les dieron a los morenistas en la pasada elección. Ojalá que su agandalle no sea el presagio de que al menos en Iguala, antes de los tres años se acabó la ilusión del triunfo de Morena, ya que de manera necia y  torpe se niegan a introducir cambios en la forma de gobierno. Ya veremos.

Algo Más…

Una época complicada es la que estamos viviendo. Muy difícil de entender, sobre todo en la parte de la destrucción, de la violencia. No se puede comprender cómo alguien puede ser capaz de quitarle la vida a otro, bajo las circunstancias que fueren; la verdad no se entiende. Tampoco es comprensible que hechos como ese, el del homicidio y todo lo que circunda al asesinato, la violencia que lo envuelve, pueden llegar a ser tan comunes y cotidianos que luego es fácil acostumbrarnos a ellos.

Parece que es un absurdo tratar de negar la triste realidad o tratar de disfrazarla. Ahí está, lacera la vista al verla, no se puede ocultar; pero tampoco se debe de lucrar con el dolor ajeno y estar gritándolo a los cuatro vientos, ni de regodearse con semejante situación, por el hecho de que quien es el encargado de atender el problema de la seguridad en el estado no sea el santo de la devoción de muchos ciudadanos.

El problema golpea a todos y va diezmando a nuestra sociedad, a su nivel más vulnerable, a los pobres, pero como ya lo hemos visto recientemente, a los estratos más encumbrados económicamente, a las  instituciones policíacas, pero también a los gobiernos municipales que se ven amenazados frecuentemente por los grupos criminales; afecta a los empresarios que padecen con mucha frecuencia los robos y asalto a sus negocios, y el abominable secuestro que reduce el espíritu. La violencia amenaza nuestra seguridad actual, pero también la de las próximas generaciones, que no tendrán garantizado nada si no se combate este problema desde ahora y con toda la fuerza del Estado, pero de la sociedad en su conjunto también.

Y ahora vemos a muchos niños y jovencitos, y a otros no tan jóvenes, pero sin oficio ni beneficio, y si los responsables de ellos no tomamos cartas en el asunto, si no los orientamos para que estudien, para que trabajen, para que crezcan en valores, en diez años podremos lamentarlo de nuevo.

CDXXXVIII.- Jaimes está traicionando a los miles de personas que votaron por el partido que lo postuló, no por él; sin embargo, el poder ejerce sobre la condición humana un efecto corrosivo irresistible y convierte a todos en víctimas de la vanidad, rehenes pasivos de los privilegios.

Jaimes ya se quitó  los contrapesos de los regidores para evitar sus corruptelas. Debemos recordar: “aunque la serpiente cambie de piel cada año, no deja de ser serpiente”.

Sabías que: El Titanic tenía 4 chimeneas y sólo 3 necesitaban estar encendidas, pero daba buena suerte tener 4 y construyeron una para lucir.

Hasta la vista.

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